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Y apenas asomas el nazo al mundo,
te enrolla una voraz tormenta
de equívocos bien inculcados.
Las elecciones te lesionan,
te inundan de abismos, de obligaciones.
Y alrededor pudriendo el paisaje
toda esa maqueta de urbanidad desolada,
escondiendo el inconsciente sonoro
entre el perfil de oscuras fábricas;
bautizadas con ironía “compañías”.
Sombríos entes que comercian tu alimento,
tus ropas, tu vivienda, tu esfuerzo,
la verdad, tu lealtad y el amor.
Y vos esquivas hasta donde podes,
y pagas el colateral enfoque
luchando por no entregar
los retazos de aliento vital que irradiás.
Te negás a vaciarte de sentido
y tu identidad se fusiona con el cielo.
Pateás las marcas registradas,
Y los precios te desprecian.
El mensajito del cine te asesina,
rebalsado de espejismos plastificados.
Pero vos saliste a buscar algo más
y jugas a caer:
en la dorada incertidumbre de esa luz.
Estallás en la fugacidad de un big band
y todo agudo ser dispara sus guauu!!!!!
Y esfumas en el virtuoso encanto,
todo ese macabro pasatiempo solitario
en el que te sumerge
la impostada “vida normal”.
Le corres el velo a este lío
y con la buena costumbre
de no acostumbrarte jamás,
a morir de a poco hipotecado
por esa lapidaria rutina,
sentís correr por tus venas
el delicioso dolor de vivir.
A vos amigo te bendigo,
con mis latidos en alto.
Bienvenido al agridulce viaje,
pero apurate que se va,
todo ese lúcido delirio.
Apurate y volverá
toda esa risa consumida…
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